Columna de Opinión

Demagogia y agnotología: una invitación a observar el poder en Loncoche

Columna de opinión | Eugenio Talep Pardo, abogado y magíster en Derecho Penal, vecino de Loncoche.

A partir de los conceptos de demagogia y agnotología, el abogado Eugenio Talep Pardo reflexiona sobre la transparencia, el uso de los recursos públicos y la responsabilidad de los ciudadanos de observar críticamente a quienes ejercen el poder.

«¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios? Cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con sólo un puñal».

William Shakespeare, Hamlet. Acto III, escena IV, según la traducción de Leandro Fernández de Moratín.

Quisiera ayudar a mis vecinos a mirar, a ver, a observar lo que ocurre. Sé que, por regla general, si permanecemos con los ojos abiertos podremos advertir lo que sucede a nuestro alrededor. Sin embargo, la mirada que propongo es analítica: aquella que, tras observar uno o más sucesos, muchas veces de forma aislada, nos permite arrojar luz sobre esa pátina de oscuridad que los rodea.

Existe un concepto político, vinculado al ejercicio del poder, cuyo origen se remonta a la antigüedad clásica griega. Ya lo utilizaba Aristóteles. Ese concepto es la demagogia. Curiosamente, comparte su raíz con la palabra democracia, aunque puede representar un obstáculo para esta última.

La demagogia puede entenderse como una práctica y estrategia política mediante la cual un dirigente busca conseguir, mantener o aumentar su poder apelando a las emociones, los prejuicios, los miedos y los deseos inmediatos de la población, en lugar de recurrir a la razón, a argumentos sólidos o a proyectos de gobierno consistentes.

¿Cómo podemos reconocerla en el ejercicio del poder municipal?

Si usted observa que una autoridad se resiste a entregar información que legalmente debe ser pública, corresponde preguntarse por qué. Si advierte gastos importantes en espectáculos mientras persisten necesidades sociales, resulta legítimo examinar cuáles son las prioridades de la administración.

Si existen cuestionamientos sobre contrataciones motivadas por compromisos políticos o ideológicos, o sobre decisiones presupuestarias que pudieran perjudicar servicios esenciales como la educación municipal, corresponde exigir antecedentes, explicaciones y transparencia.

Lo mismo ocurre con aquellas obras públicas cuyo beneficio para la comunidad genera dudas. La ciudadanía tiene derecho a conocer sus fundamentos, costos, destinatarios y los mecanismos de participación utilizados para decidir su ejecución.

A ello se suma otra cuestión que merece atención: el uso de recursos públicos para la difusión de la gestión municipal. Las fotografías, filmaciones, grabaciones y programas radiales financiados con fondos públicos deben responder a una finalidad institucional. Es necesario distinguir entre informar a la ciudadanía y promover la imagen personal de quien dirige la alcaldía.

No olvidemos que esos recursos pertenecen a todos: son fondos públicos, suyos y míos.

Cuando estas prácticas se utilizan para sustituir la rendición de cuentas por la exaltación de una autoridad, a mi juicio, pueden constituir manifestaciones de demagogia y de un preocupante personalismo en el ejercicio del poder.

Asociado a este concepto encontramos otro término menos conocido: la agnotología.

Se trata del estudio de la ignorancia y de las formas en que esta puede ser producida o mantenida, incluso deliberadamente, mediante la desinformación, el ocultamiento, la difusión de datos engañosos o la generación de dudas sobre hechos que deberían ser conocidos.

La agnotología nos invita a comprender que la ignorancia no siempre es consecuencia de la falta de interés de las personas. En ocasiones, también puede estar relacionada con la manera en que se administra, se oculta o se presenta la información.

Por eso considero fundamental que los ciudadanos no se limiten a mirar. Debemos aprender a observar, contrastar, preguntar y exigir respuestas. Una comunidad informada dispone de mejores herramientas para examinar las decisiones de sus autoridades.

La democracia necesita ciudadanos que ejerzan su derecho a conocer cómo se utilizan los recursos públicos y cuáles son las razones que justifican las decisiones de quienes administran esos recursos.

De eso se trata esta invitación: de mirar más allá de las apariencias y preguntarnos qué existe detrás de cada decisión del poder.

Nota del autor: Cualquier semejanza con lo que ocurre en la comuna de Loncoche es pura coincidencia.

Eugenio Talep Pardo
Abogado – Magíster en Derecho Penal
Vecino de Loncoche

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