
Las nalcas vuelven al sur: comienza la temporada y revive la historia del inolvidable Nalcaman
Con la llegada de septiembre, las primeras nalcas comienzan nuevamente a aparecer y comercializarse en el sur de Chile. El tradicional producto no solo forma parte de la gastronomía y la economía rural: hace algunos años incluso inspiró a “Nalcaman”, el particular vendedor que se convirtió en fenómeno de redes sociales.
Hay productos que prácticamente funcionan como un calendario natural en el sur de Chile. Cuando comienzan a aparecer las primeras nalcas, también empiezan a sentirse las señales de que el invierno va quedando atrás y la primavera está cada vez más cerca.
Durante septiembre, la tradicional planta vuelve paulatinamente a ser recolectada y comercializada, apareciendo en ferias, puestos informales y ventas particulares en distintas localidades del sur.
Para muchas familias de Loncoche, La Araucanía y otras regiones sureñas, la escena es conocida: nalcas recién peladas, preparadas con sal, merkén o simplemente consumidas al natural.
Pero detrás de este producto existe también una actividad económica que pocas veces recibe atención.
Un producto que nace de la recolección
La nalca corresponde a la especie Gunnera tinctoria, una planta que crece principalmente en terrenos húmedos y sombríos.
Un estudio encargado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) la identifica como una especie comestible cuya producción corresponde principalmente a recolección silvestre, agregando que su comercialización se concentra particularmente en la zona sur del país.
Eso significa que, a diferencia de otros productos agrícolas, muchas de las nalcas que finalmente llegan al consumidor requieren previamente ingresar a sectores rurales, humedales, quebradas y otros lugares donde la planta crece naturalmente.
Para algunos recolectores, su venta puede representar además un ingreso complementario durante la temporada.
Y precisamente de ese mundo nació hace algunos años uno de los personajes más particulares vinculados a las nalcas.
Nalcaman: cuando vender nalcas creó un “superhéroe” sureño

En 2019, las calles de Puerto Montt comenzaron a recibir la visita de un personaje que rápidamente se volvió viral.
Vestido con grandes hojas de pangue y ofreciendo nalcas a los automovilistas apareció “Nalcaman”.
Detrás del particular traje estaba Rodrigo Gallardo, oriundo de Frutillar, quien trabajaba precisamente recolectando y vendiendo nalcas.
La historia comenzó por una razón mucho más cotidiana que cualquier relato de superhéroes: las ventas estaban bajas.
Gallardo relató entonces que buscó una forma de llamar la atención de los potenciales compradores. Comenzó colocándose hojas de nalca y realizando malabares en los semáforos de Frutillar. Una fotografía llegó posteriormente a las redes sociales y el personaje empezó a hacerse conocido.
Posteriormente llevó la idea hasta Puerto Montt.
Fue allí donde los propios transeúntes comenzaron a llamarlo Nalcaman, transformándolo inesperadamente en una especie de “superhéroe del sur”.
El personaje incluso comenzó a llamar la atención de niños, adultos y medios de comunicación.
Pero detrás de la apariencia pintoresca existía también una historia de esfuerzo.
El difícil trabajo detrás de una nalca
Nalcaman contó entonces que podía recorrer entre dos y tres horas diariamente para conseguir las nalcas que posteriormente vendía.
El recolector describió sectores de riscos y pantanos entre los lugares donde realizaba su trabajo, llegando incluso a relatar que había sufrido una caída mientras buscaba el producto.
Su historia permitió mostrar algo que muchas veces permanece invisible cuando el consumidor encuentra una nalca lista para comprar: la recolección también requiere tiempo, desplazamiento y conocimiento del territorio.
Por eso Nalcaman terminó representando mucho más que una curiosidad de redes sociales.
Detrás del traje había un vendedor intentando mejorar sus ingresos mediante creatividad.
Una tradición que continúa
Han pasado varios años desde la aparición de Nalcaman, pero la nalca sigue ocupando un lugar particular en la cultura gastronómica del sur.
Su sabor ácido es fácilmente reconocible por quienes crecieron en zonas rurales o acostumbran comprar productos de temporada.
Además de consumirse directamente, puede utilizarse en distintas preparaciones artesanales.
Su comercialización también forma parte de una economía estacional donde participan recolectores, pequeños vendedores, productores y familias que aprovechan aquellos productos que entrega el territorio durante determinadas épocas del año.
También es parte del paisaje de La Araucanía
En comunas como Loncoche, donde abundan los sectores rurales y terrenos húmedos, la nalca es parte de un paisaje conocido por generaciones.
Por eso su regreso no debería observarse solamente desde la gastronomía.
También permite poner atención sobre los productos silvestres que históricamente han complementado la economía de familias rurales del sur: primero comienzan las nalcas y posteriormente otros productos propios de primavera van apareciendo en ferias y caminos.
Es una economía pequeña si se compara con las grandes actividades productivas, pero profundamente vinculada con la identidad territorial.
Consumir y recolectar responsablemente
Como ocurre con cualquier producto recolectado directamente desde la naturaleza, resulta importante conocer su procedencia.
Quienes compren nalcas deben procurar limpiarlas adecuadamente antes de consumirlas y preferir productos provenientes de lugares conocidos.
Para quienes realizan recolección, el desafío es hacerlo evitando destruir completamente los sectores donde crecen naturalmente, permitiendo que la planta continúe desarrollándose.
Porque detrás de cada nalca existe algo más que un alimento.
Existe territorio, trabajo rural, recuerdos familiares y una tradición que vuelve cada primavera.
Y alguna vez, incluso, existió un Nalcaman dispuesto a ponerse una capa de hojas para conseguir que la gente volviera a comprarlas.



