
¿Te dejaron solo después de armar un plan para perjudicar a otros?
Muchos han vivido esta experiencia amarga: enfrentar la deslealtad.
Una de las pruebas más duras de la vida no es perder cosas materiales, sino descubrir que aquellos en quienes confiaste ya no están contigo cuando todo se derrumba.
La deslealtad se disfraza de amistad, de compañerismo, de alianza. Y casi siempre proviene de quienes alguna vez llamaste “cercanos”.
Si hoy te han dado la espalda, tal vez es porque olvidaron de dónde vienen… y también porque tú mismo lo permitiste. Permitiste injusticias, callaste verdades, falseaste la realidad para lograr los objetivos de otros. Les sonreíste mientras te golpeaban la espalda diciéndote “amigo mío”. Elegiste el dinero por sobre la dignidad, el poder sobre la verdad.
Pero no lo olvides:
La peor deslealtad fue contigo mismo.
Fallaste a tu conciencia. Traicionaste tus principios. Y hoy, más que estar solo, estás vacío.
Engañaste incluso a instituciones, con la ayuda de aquellos que ahora te dejaron atrás.
Y eso tiene un precio.
Afortunadamente, algunos aún caminamos con la frente en alto.
A pesar de las injusticias, hemos sido fieles a nuestros valores, a lo que aprendimos de nuestros padres.
Hemos perdido cosas, sí. Pero jamás el honor.
¿Será por eso que no estoy sola? ¿Será porque no fui yo quien mintió?
En política no se debe esperar lealtad.
Quizás por eso nunca he aceptado cargos por “compromisos políticos”.
MANUELA VÁSQUEZ
Mg. En Educación
Docente de Loncoche
