Columna de Opinión

CUANDO EL LIDERAZGO NO ES OBSECUENTE Y SE TRANSFORMA EN LA “PIEDRA EN EL ZAPATO”

Muchas veces los líderes tienen las mejores intenciones, un convenio de trabajo por Alta Dirección Pública con metas claras que se evalúa permanentemente. Hacen los esfuerzos por alcanzar los más altos estándares a pesar de otros factores que afectan el normal desarrollo y crecimiento del equipo que se quiere formar. A mí me tocó nadar contra la corriente y aun así seguí intentándolo porque el interés primordial que me guiaba era la educación de los niños y jóvenes más vulnerables de la comuna, porque la ética y la vocación me indicaba que eso era lo que debía hacer

Por otro lado, fui una integrante de un equipo municipal donde solo veía acatar órdenes, no vi disentimiento alguno, salvo algunas excepciones. Tal vez, yo fui aquella que incomodaba, la que producía tensión porque decía cuando no estaba de acuerdo y no solo se dedicaba a elogiar a la autoridad, dejándole con esto la nula oportunidad de crecer, de pensar, porque solamente lo que se requería era obedecer.

Fui ese integrante que ponía cara de “no me compro tu discurso” o “algo me huele mal”, aquella que no aplaudía todo, porque si ese todo estaba fuera de la normativa, entonces no era correcto.

Para mí como docente, directora de escuela o del departamento de educación, en mis 40 años de desempeño docente, siempre me fue difícil aceptar la mediocridad como normativa, nunca me resigné a las cosas a medias o solo por cumplir, porque aprendí que lo que te deja dormir tranquila es el trabajo bien hecho y sobre todo el trabajo honesto.

Nunca he podido ser un colaborador obsecuente y en este equipo municipal no pude callar ante una gestión financiera errónea, donde se abusaba de los recursos económicos que estaban destinados a lo que debiera ser lo más importante, sobre todo en una comuna pobre como la nuestra: LA EDUCACIÓN.

En abril del año 2022, entregué ante el concejo municipal y el Sostenedor, en reunión  de trabajo, un informe elaborado en conjunto con la jefe de finanzas de la época, donde hacíamos un comparativo entre abril del 2021 y  abril 2022 y los excesivos gastos que ya en esa fecha estaban a la vista y le advertimos al sostenedor que si se continuaba en esa línea el “elástico se cortaría”, porque el presupuesto ya no resistía más contrataciones innecesarias tanto en el departamento de Educación como en los establecimientos, no resistía más horas extras,  no resistía más contrataciones de inspectores generales en exceso o innecesarios, gastos de combustible (que había aumentado en un 300%) viáticos y uso de los recintos escolares para actividades municipales.

Hoy a dos años de estar fuera de mi cargo y con un juicio que se encuentra en la corte de apelaciones de Temuco, veo con tristeza lo que en estos dos años ha ocurrido, escuelas sin materiales para su higienización, estudiantes sin talleres extra programáticos, docentes sin materiales para impartir sus clases, asistentes de la educación a quienes no les han cumplido los compromisos, escuelas y liceos sin el avance tecnológico que exige el momento, entonces y solo entonces me pregunto:

¿Cómo llegamos a esto?

¿Cómo fue que perdimos los recursos que tanto cuidábamos?

¿A quiénes culpará la autoridad si yo ya no estoy en el cargo?

¿A dónde fueron a parar los materiales del taller que era promesa política del alcalde?

¿Qué han hecho los representantes de los docentes y asistentes de la educación para recuperar lo perdido?

¿solo los estudiantes se dan cuenta de la precariedad que les afecta?

¿Por qué tantos estudiantes han desertado de la educación pública de Loncoche?

¿Por qué mientras los establecimientos particulares subvencionados aumentan matrícula y cursos los establecimientos municipales deben eliminarlos por falta de estudiantes?

¿Quién evalúa la intervención realizada por el administrador municipal en el departamento de educación, la que a vista de todos ha sido un fracaso?

Muchas interrogantes, que desde la tranquilidad de mi hogar me hago día a día y que me permiten concluir que, aunque perdí mucho, no me arrepiento de mi actuar, puesto que mi deber como directora de educación era velar por la probidad, asesorar al sostenedor y por sobre todo defender los recursos de los más pobres de esta comuna, ese fue siempre mi mayor propósito.

 Hoy puedo decir que tengo lo más preciado a mi favor, HABER CONSERVADO MI DIGNIDAD, la que no perdí a pesar de las acusaciones falsas que allegados a la autoridad, coludidos bajo un mandato, hicieron en mi contra en su intento por descalificarme, desprestigiarme, atentar en contra de mi honra, destituirme y sacar la “piedra del zapato” que les incomodaba y que ya tendré tiempo de esclarecer, dar sus nombres y llevar a la justicia.

Solo me resta decir: “Dios salve la Educación pública de Loncoche”

MANUELA VASQUEZ C

Mg. En Educación

Docente de Loncoche

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