
“Mi camino hacia la prosperidad: ser mujer autista en el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo 2024”
Celebremos este día, junto con la colaboración de la psicóloga Dra. Sofía Ramírez Silva. En este artículo de opinión, te invitamos a reflexionar e informarte sobre la realidad actual que enfrentan las personas con autismo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024), el autismo es una condición neurobiológica permanente que se manifiesta desde la niñez temprana, sin importar el género, la raza o la condición social y económica. Se caracteriza principalmente por peculiaridades en la interacción social y dificultades en la comunicación, modos de aprendizaje atípicos, intereses particulares en temas específicos, preferencia por rutinas y sensibilidad sensorial (OMS, 2024).
El 2 de abril fue designado como el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007. El objetivo es promover y garantizar el pleno disfrute de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas con autismo en igualdad de condiciones que las demás (ONU, 2024).
En mayo de 2008, entró en vigor la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Esta convención tiene como propósito promover, proteger y asegurar el pleno goce y disfrute de todos los derechos humanos y libertades fundamentales para todas las personas con discapacidad, así como fomentar el respeto a su dignidad inherente (ONU, 2008).
Sin embargo, la estigmatización y discriminación asociadas a la diversidad neurológica, o neurodiversidad, siguen siendo los principales obstáculos para la detección temprana y diagnóstico oportuno. Por tanto, esta convención es fundamental para promover la aceptación y fomentar una sociedad inclusiva que cuide a todos sus miembros, garantizando que todas las personas puedan llevar una vida plena y próspera.
En 1998, la socióloga y activista Laura Gómez acuñó el término neurodiversidad como sinónimo de diversidad neurológica. De esta manera, se define a la neurodiversidad como la variación natural entre un cerebro y otro en la especie humana. Por lo tanto, todas las personas somos neurodiversas, ya que al igual que no hay dos personas iguales, tampoco hay dos cerebros iguales.
Por lo tanto, una persona cuyo cerebro funciona acorde a lo esperado por la sociedad se consideraría neurotípica; mientras que si su cerebro aprende, funciona o procesa información de manera diferente a la mayoría de las personas, se le consideraría neurodivergente. Dentro de las neurodivergencias se encuentran condiciones como el autismo, el trastorno por déficit de atención (TDA), la discalculia, la dislexia, la dispraxia y el síndrome de Tourette, entre otros.
Mi camino hacia el autodescubrimiento comenzó cuando tenía 16 años. En ese momento empecé terapia psicológica debido a que me sentía constantemente incomprendida y triste. Desde entonces he aprendido a lidiar con estos sentimientos y he desarrollado un profundo interés por la psicología y la salud mental.
A pesar de haber “sobrevivido” hasta ingresar al mundo laboral como psicóloga clínica en el sector público, cada vez me resultaba más difícil mantenerme a flote. En el año 2022 estaba atravesando una crisis no normativa de agotamiento profesional y depresión. Por esto, después de 10 años trabajando en salud pública decidí renunciar a esa estabilidad económica porque estaba afectando mi salud física y mental.
Por eso cuando leí el lema de este año “de la supervivencia a la prosperidad”, realmente me hizo sentido. Durante los primeros 36 años de vida como persona autista sin diagnóstico solía responder a los saludos con un simple “sobreviviendo y tú”. Las personas con las que interactuaba siempre parecían tomarlo como una broma cuando yo lo decía en serio. Pero era una respuesta genuina a la que respondía con una sonrisa sin profundizar.
Me había acostumbrado a sonreír forzadamente y ocultar mi malestar y tristeza. Fingía no tener dificultades para “sobrevivir” ya que parecía que a nadie más le costaba tanto enfrentar el día a día, las relaciones y simplemente vivir. El desconocimiento sobre mi identificación autista y compararme constantemente con otras personas sin los mismos desafíos me llevaba a exigirme constantemente más allá de mis límites.
Después de 20 años buscando respuestas, pasando por diferentes profesionales e incorrectos diagnósticos y tratamientos, finalmente logré obtener un diagnóstico de autismo en mi adultez a los 36 años. Mi identificación como persona autista llegó tarde y eso tuvo graves consecuencias para mi salud física y mental.
No fue una tarea fácil. Tuve que enfrentar sesgos basados en género ya que existe una serie de expectativas sobre cómo deben comportarse las niñas (González et al., 2018). También tuve que enfrentar sesgos en los diagnósticos por parte de profesionales que no comprenden que las diferencias en expresión del autismo entre niños y niñas no son significativas (López et al., 2017).
Hace un año decidí salir de mi rol neutral como psicóloga e compartir mi experiencia para que sirva como aprendizaje para otras personas autistas y profesionales de salud mental. Hoy me presento abiertamente como una persona autista para contribuir a un mejor futuro para quienes están viviendo su infancia con autismo y para evitar que aquellas personas autistas que aún están buscando su identificación sean invalidadas o maltratadas por profesionales desactualizados.
Finalmente, espero que en el futuro tanto la comunidad científica como la sociedad civil actualicen sus conocimientos para que las personas autistas dejemos de luchar por “sobrevivir” y podamos vivir plenamente en un entorno inclusivo donde se garanticen nuestros derechos e igualdad de condiciones para alcanzar una vida próspera.
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