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Asfaltado de Afquintúe abre incertidumbre para todo Loncoche: ¿cuánto durarán las obras y están bien invertidos los recursos públicos?

Las declaraciones del alcalde Alexis Pineda durante el Concejo Municipal del martes 27 de octubre abrieron un debate que trasciende el camino a Afquintúe. Mientras una obra de más de $2 mil millones ya presenta baches y reparaciones, surgen interrogantes sobre la duración de los asfaltos rurales, la fiscalización de los proyectos y la calidad de las inversiones públicas en toda la comuna.

El deterioro del camino a Afquintúe volvió a instalarse en el Concejo Municipal de Loncoche, durante la sesión del pasado martes 27 de octubre. La concejala Elba Matuz advirtió sobre las malas condiciones que presenta la ruta y el riesgo que representan sus baches para los conductores. En respuesta, el alcalde Alexis Pineda defendió las gestiones que permitieron concretar su pavimentación y explicó que las carpetas de tratamiento asfáltico pueden durar aproximadamente dos años, dependiendo de las condiciones climáticas y del tránsito.

Sus declaraciones abrieron una discusión que va mucho más allá de los hoyos de un camino rural: ¿qué garantías tienen los vecinos de Loncoche de que las millonarias inversiones en pavimentación se traduzcan en soluciones duraderas y no en obras que, al poco tiempo, requieran nuevas reparaciones?

El debate adquiere especial relevancia porque el 27 de octubre se cumplió exactamente un año desde que la Municipalidad celebró oficialmente el término del asfaltado de los primeros seis kilómetros del camino a Afquintúe, una intervención contratada por $2.009.551.497.

Sin embargo, antes de cumplirse ese aniversario, Loncoche Informado ya había documentado la aparición de baches y posteriores reparaciones mediante parches.

La situación plantea interrogantes sobre la calidad de las obras, los estándares de conservación y las responsabilidades de los organismos encargados de fiscalizar la inversión pública.

La advertencia de la concejala Elba Matuz

La discusión comenzó cuando la concejala Elba Matuz manifestó su preocupación por las condiciones del camino a Afquintúe, recordando que su pavimentación fue una aspiración largamente esperada por las comunidades del sector.

Durante su intervención, sostuvo que la actividad forestal habría contribuido al deterioro de la superficie, una situación cuya incidencia real debe ser determinada mediante antecedentes técnicos.

La concejala advirtió que los daños no corresponden simplemente a pequeños hoyos y que existen sectores peligrosos para quienes utilizan la ruta.

También planteó la necesidad de identificar al organismo responsable de intervenir el camino y solicitar las reparaciones correspondientes.

Su preocupación apuntó a evitar que una obra esperada durante años termine convirtiéndose nuevamente en un problema para sus usuarios.

Alcalde Pineda: “Lo más probable es que la carpeta de tratamiento asfáltico dure dos años”

La respuesta del alcalde Alexis Pineda comenzó con una extensa explicación sobre las gestiones realizadas para obtener financiamiento para la pavimentación.

El jefe comunal aseguró que, cuando asumió la administración municipal, el camino a Afquintúe no contaba con un proyecto incorporado a la cartera de inversiones del Ministerio de Obras Públicas.

Según relató, las conversaciones con el entonces seremi de Obras Públicas, Henry Leal, permitieron conseguir inicialmente el diseño de seis kilómetros.

Posteriormente, el alcalde abordó las características técnicas de la pavimentación y su duración.

“Lo más probable es que la carpeta de tratamiento asfáltico dure dos años”, sostuvo, al referirse a las condiciones climáticas y al tránsito que enfrentan este tipo de superficies.

También explicó que estas intervenciones requieren mantenimiento periódico y que las lluvias pueden reducir su duración.

Sin embargo, sus afirmaciones dejan una diferencia importante por aclarar.

Una cosa es señalar que las carpetas asfálticas necesitan conservación y otra es establecer que una obra específica fue diseñada para durar solamente dos años.

Hasta ahora, los antecedentes revisados no permiten confirmar que esa sea la vida útil contemplada en las especificaciones técnicas del proyecto Afquintúe.

Tampoco existe en la información disponible para esta publicación un diagnóstico técnico de Vialidad que explique las causas de los daños observados.

Por lo tanto, la duración mencionada por el alcalde no puede considerarse, por sí sola, una explicación definitiva del deterioro del camino.

“Antes había tierra y barro”: las palabras que abren otra discusión

Uno de los momentos más significativos de la intervención se produjo cuando el alcalde recordó las condiciones que enfrentaban las comunidades antes de conseguir la pavimentación.

Pineda mencionó las dificultades provocadas por el polvo durante el verano y el barro durante el invierno, señalando que anteriormente los vecinos aspiraban principalmente a contar con una superficie asfaltada.

Para explicar su argumento, utilizó incluso una comparación con las familias que consiguen una vivienda y posteriormente buscan ampliaciones o nuevas mejoras.

En ese contexto, el alcalde afirmó:

“Es como que el alcalde y los concejales tenemos la culpa de que el asfalto tenga hoyos. No, pues si así son las cosas”.

El planteamiento introduce una discusión sobre las responsabilidades de las autoridades frente al deterioro de la infraestructura pública.

Es cierto que la pavimentación representa un avance importante para las comunidades rurales y que conseguir financiamiento requiere años de gestiones.

También es cierto que el municipio no necesariamente tiene la responsabilidad técnica de ejecutar o conservar un camino administrado por Vialidad.

Pero reconocer esos antecedentes no elimina el derecho de las comunidades a exigir que las obras cumplan los estándares comprometidos.

Los vecinos pueden valorar haber dejado atrás el polvo y el barro y, al mismo tiempo, cuestionar que aparezcan baches en una inversión recientemente terminada.

La discusión no debería reducirse a lo que existía antes del asfalto, sino también considerar qué calidad de infraestructura se entrega hoy y cómo se garantiza su conservación.

Más de $2 mil millones invertidos: ¿qué explica el deterioro?

El camino Lastarria–Afquintúe–Loncoche fue intervenido mediante el contrato denominado “Camino Básico por Conservación Lastarrias–Afquintúe–Loncoche”, adjudicado a Constructora Sierra Nevada S.A. por $2.009.551.497.

La iniciativa consideró aproximadamente seis kilómetros de intervención mediante tratamiento superficial doble con polímero y obras de saneamiento.

La Municipalidad celebró oficialmente el término de los trabajos el 27 de octubre de 2025, destacando el avance que significaba para la conectividad de las comunidades rurales.

Sin embargo, el 31 de agosto de 2026, Loncoche Informado publicó antecedentes sobre la aparición de baches en la superficie del camino.

Posteriormente, el 9 de septiembre, este medio documentó reparaciones localizadas y nuevos cuestionamientos por las condiciones de mantención de la ruta.

La secuencia plantea una interrogante que aún requiere respuesta técnica: ¿por qué una obra contratada por más de $2 mil millones comenzó a presentar estos problemas antes de cumplirse un año de su ceremonia de término?

La respuesta no puede establecerse únicamente a partir de fotografías, testimonios o declaraciones políticas.

Se necesita conocer el diseño de la carpeta, el tránsito considerado, los materiales utilizados, los controles de calidad y las condiciones de drenaje y conservación.

Tampoco sería correcto afirmar que la inversión fue mal ejecutada sin contar con esos antecedentes.

Pero la falta de un diagnóstico público sobre el deterioro mantiene abiertas las preguntas acerca del resultado de los recursos invertidos.

¿Soluciones duraderas o caminos que necesitan nuevos parches?

Las reparaciones mediante bacheo forman parte de las labores habituales de conservación vial. No toda reparación significa que una obra fue construida incorrectamente.

Sin embargo, cuando los daños aparecen en un período breve, resulta necesario determinar si corresponden al comportamiento esperado de la superficie o si existen factores adicionales que requieren intervención.

En el caso de Afquintúe, también deben aclararse las responsabilidades de las empresas participantes.

La intervención original fue ejecutada por Constructora Sierra Nevada, mientras que los antecedentes publicados anteriormente por este medio identifican a Constructora Alaskan como responsable de trabajos asociados a un contrato de conservación global en la zona.

Ambas funciones son diferentes.

La construcción de una carpeta asfáltica debe cumplir las especificaciones técnicas del proyecto, mientras que su mantenimiento requiere actividades programadas para conservar las condiciones de servicio.

Por encima de esas obligaciones se encuentra la Dirección de Vialidad, organismo responsable de administrar y fiscalizar los contratos correspondientes.

Por ello, resulta fundamental establecer si las reparaciones realizadas responden a una conservación normal, si existen garantías contractuales aplicables y qué medidas se adoptarán para evitar que los daños continúen.

Parchar un hoyo puede resolver un riesgo inmediato. Pero si no se conocen las causas del deterioro, permanece abierta la posibilidad de que el problema vuelva a presentarse.

Una incertidumbre que alcanza a los demás caminos rurales de Loncoche

Las declaraciones del alcalde también adquieren relevancia para los nuevos proyectos de pavimentación que se desarrollan o gestionan en distintos sectores de la comuna.

Durante la misma sesión, Pineda se refirió a iniciativas relacionadas con Lumaco Sur, Casahue, Lilelfu y otros caminos rurales, además de mencionar las necesidades de conservación de las superficies ya asfaltadas.

Se trata de rutas que presentan condiciones y estados de avance diferentes, por lo que no corresponde afirmar que todas enfrentarán los problemas observados en Afquintúe.

Sin embargo, si las características de las carpetas asfálticas y su duración dependen de factores como las lluvias, el tránsito y el mantenimiento, surge una necesidad de información para todas las comunidades que esperan pavimentación.

¿Cuántos años de servicio contempla cada proyecto? ¿Se considera el tránsito de vehículos forestales y de carga? ¿Qué tipo de tratamiento se aplica? ¿Cuáles son sus necesidades de conservación? ¿Existe financiamiento para mantener las obras una vez terminadas?

Son preguntas relevantes para los sectores rurales que llevan años gestionando mejoras de conectividad y que esperan que las futuras inversiones respondan adecuadamente a sus necesidades.

En este contexto, también corresponde distinguir entre los anuncios de nuevos proyectos y su ejecución efectiva.

La segunda etapa relacionada con el camino Lastarrias–Afquintúe–Loncoche obtuvo una recomendación favorable para avanzar a diseño de ingeniería, según informó la propia Municipalidad en septiembre de 2026.

Ese avance administrativo no equivale a contar con financiamiento aprobado para construir la pavimentación.

La claridad sobre cada etapa resulta fundamental para que los vecinos conozcan qué obras están realmente comprometidas y cuáles todavía dependen de gestiones presupuestarias.

¿Quién responde por el dinero invertido?

La discusión sobre Afquintúe plantea un problema de responsabilidades que debe abordarse con claridad.

La Dirección de Vialidad tiene competencias sobre la contratación, inspección y conservación de las rutas bajo su administración.

Las empresas contratistas deben cumplir las obligaciones que establezcan sus respectivos contratos.

El municipio, por su parte, tiene un papel de representación frente a los organismos públicos y puede gestionar solicitudes, requerir antecedentes e informar a las comunidades sobre las respuestas recibidas.

Por ello, sería relevante conocer si la Municipalidad de Loncoche ha solicitado formalmente un informe técnico sobre el deterioro de Afquintúe, qué respuesta entregó Vialidad y qué calendario de intervenciones se encuentra previsto.

También corresponde determinar si existen garantías vigentes y si las labores de conservación realizadas cumplen los estándares establecidos.

Son antecedentes necesarios para evaluar el desempeño de la inversión y evitar que la discusión termine reducida a quién consiguió el proyecto o quién debe tapar los hoyos.

La calidad de una obra pública no se mide el día de su inauguración

El caso de Afquintúe permite instalar una discusión necesaria sobre cómo se evalúan las inversiones públicas en la comuna.

Las inauguraciones representan hitos importantes. Detrás de cada camino pavimentado existen años de demandas comunitarias, trabajo de dirigentes, recursos del Estado y gestiones de distintas autoridades.

Pero una obra no puede evaluarse únicamente por su ceremonia de término.

Su verdadero desempeño se observa después, cuando enfrenta las lluvias, el tránsito diario, los vehículos pesados y las necesidades de conservación.

Para las familias rurales, un camino asfaltado representa conectividad, seguridad, acceso a servicios y mejores oportunidades.

Por eso, la preocupación no debería centrarse solamente en conseguir nuevas inversiones, sino también en comprobar que las ya ejecutadas cumplen con su finalidad.

El deterioro de Afquintúe no demuestra, por sí solo, que los recursos públicos hayan sido mal invertidos. Pero sí justifica solicitar antecedentes que permitan evaluar técnicamente su resultado.

La pregunta que queda abierta para Loncoche es si se están planificando y financiando caminos con estándares y mantenimiento adecuados para las condiciones reales de cada sector.

Y, especialmente, quién entrega respuestas cuando una obra recientemente terminada comienza a presentar dificultades.

Las comunidades merecen conocer cuánto debería durar cada intervención, qué organismo responde por su calidad y qué medidas se contemplan para mantenerla en buenas condiciones.

Porque conseguir una pavimentación es un avance importante, pero asegurar que la inversión pública entregue un servicio seguro y duradero es parte esencial de su propósito.

Una inauguración marca el término de una obra. No el término de las responsabilidades sobre ella.

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