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Loncoche: cuando dejar el poder parece imposible

Columna de opinión

Loncoche conoce demasiado bien lo que significa mantener durante largos años a las mismas figuras al frente del municipio. Por eso, la intención manifestada recientemente por el alcalde Alexis Pineda de volver a postular en 2028 merece una discusión que vaya más allá de su derecho a competir.

Pineda expresó esa aspiración durante una transmisión pública realizada a través de Facebook. Si concreta su candidatura y resulta nuevamente elegido, alcanzaría un tercer periodo consecutivo y completaría doce años encabezando la Municipalidad de Loncoche.

Está en su derecho de intentarlo y serán los ciudadanos quienes decidirán mediante el voto. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es otra: ¿resulta saludable para Loncoche continuar dependiendo de autoridades que buscan permanecer durante tantos años en el poder?

La comuna ya vivió una experiencia similar con Ricardo Peña, quien gobernó durante cuatro periodos consecutivos, desde 2004 hasta 2021. Fueron casi 17 años bajo una misma conducción municipal. En 2024 intentó regresar al cargo, demostrando que, incluso después de una administración tan extensa, la aspiración de volver seguía presente.

Antes de Peña también estuvo Moisés Pineda, padre del actual alcalde, quien encabezó el municipio entre 1996 y 2002. Años después, el apellido regresó a la alcaldía con Alexis Pineda, elegido en 2021 y reelegido en 2024.

No existe nada irregular en que un hijo siga una trayectoria política parecida a la de su padre. Tampoco corresponde desconocer que tanto Peña como los Pineda llegaron al municipio mediante elecciones democráticas. Pero observar esta historia permite formular una pregunta necesaria: ¿cuánto espacio ha tenido realmente Loncoche para construir nuevos liderazgos?

Durante aproximadamente tres décadas, la conducción municipal se ha concentrado principalmente alrededor de dos apellidos. Cambiaron las administraciones y los sectores políticos, pero la renovación continuó quedando pendiente.

Alexis Pineda llegó a la alcaldía presentándose como una alternativa frente a los largos años de Ricardo Peña. Para muchos habitantes, su triunfo representó la posibilidad de iniciar una etapa distinta. Sin embargo, después de obtener la reelección, ya está proyectando su permanencia hasta 2032.

La comparación resulta inevitable. Si anteriormente se cuestionaba que Peña permaneciera demasiado tiempo en el municipio, corresponde aplicar el mismo criterio cuando Pineda manifiesta su intención de completar tres periodos consecutivos.

La crítica no debe depender del nombre, del apellido ni del sector político de la autoridad. Lo que debe preocuparnos es una cultura política que termina convenciendo a los alcaldes de que siempre necesitan otro periodo para finalizar lo que prometieron.

Los gobiernos prolongados pueden entregar experiencia y permitir la continuidad de proyectos importantes. Pero también pueden producir desgaste, concentración de las decisiones, dependencia de determinados círculos y una peligrosa confusión entre la institución municipal y la figura de quien la administra.

Después de varios años en el poder, una autoridad que solicita un nuevo mandato debe explicar claramente por qué lo necesita. No basta con anunciar proyectos, participar en actividades o publicar fotografías de la gestión. La ciudadanía tiene derecho a revisar qué se prometió, qué se cumplió, cuánto se gastó y cuáles problemas siguen esperando una solución.

También debemos preguntarnos qué nuevos liderazgos se han formado durante estos años. Loncoche cuenta con dirigentes sociales, profesionales, emprendedores, jóvenes, mujeres y representantes rurales capaces de aportar nuevas ideas. Sin embargo, difícilmente podrán avanzar si la política comunal continúa girando alrededor de los mismos protagonistas.

Ningún alcalde es indispensable. Las autoridades pasan, pero la comuna permanece.

Loncoche no pertenece a Peña, a Pineda, a una familia ni a un grupo político. Pertenece a sus habitantes. Quien recibe temporalmente la responsabilidad de administrarla debe comprender que gobernar constituye un servicio público y no una posición destinada a conservarse indefinidamente.

Alexis Pineda tiene derecho a volver a competir y la ciudadanía tendrá derecho a evaluar sus resultados. Pero de cara a 2028, la discusión no debería limitarse a determinar quién tiene mayores posibilidades de ganar.

La verdadera pregunta es si Loncoche continuará reemplazando un liderazgo prolongado por otro o si finalmente permitirá que nuevas personas, propuestas y formas de conducir la comuna tengan una oportunidad.

Cuando permanecer se transforma en una costumbre, la renovación deja de ser solamente una alternativa: comienza a convertirse en una necesidad democrática.

Héctor Barrera

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