La castaña producida en regiones del sur de Chile se consolida como uno de los frutos más consumidos durante el otoño. Su bajo contenido de grasa, aporte energético y alta durabilidad la convierten en un alimento valorado tanto por consumidores como productores locales.
Las castañas del sur de Chile mantienen una fuerte presencia en ferias, caminos rurales y mercados locales durante la temporada de otoño, especialmente en regiones como La Araucanía, Biobío, Ñuble y Los Lagos, donde forman parte tradicional de la alimentación de comunidades rurales.
Además de su consumo histórico, el fruto del castaño ha ganado atención por sus propiedades nutricionales y su creciente demanda comercial. Según antecedentes recopilados por organismos y medios especializados, la castaña chilena se caracteriza por tener un sabor más dulce y una mayor durabilidad en almacenamiento, pudiendo mantenerse en buenas condiciones hasta junio o julio.
La temporada de cosecha se concentra entre marzo y mayo, coincidiendo con el aumento de su comercialización en ferias y puestos informales del sur del país. En La Araucanía, el kilo puede fluctuar entre los $1.000 y $1.500, dependiendo de la calidad y volumen de producción.
Desde el punto de vista nutricional, las castañas presentan diferencias importantes respecto de otros frutos secos. Contienen alrededor de 200 calorías por cada 100 gramos y poseen menos de un 2% de grasa, cifra considerablemente inferior a nueces o almendras. Además, cerca del 80% de su aporte energético proviene de carbohidratos complejos, lo que favorece una liberación gradual de energía y mayor sensación de saciedad.
También destacan por su contenido de fibra insoluble, proteínas vegetales, vitamina C y minerales como el potasio, elemento asociado al equilibrio de líquidos y al funcionamiento cardiovascular. Diversos reportes indican además que contienen ácidos grasos omega 3 y omega 6.
En sectores rurales del sur, la venta de castañas representa un ingreso estacional complementario para familias y pequeños productores, especialmente durante los meses de otoño. Su comercialización se desarrolla principalmente en ferias libres, rutas interurbanas y mercados locales.
El interés por este fruto también ha crecido en la gastronomía, donde se utiliza en preparaciones dulces, harinas, cremas, postres y recetas tradicionales asociadas a la cocina otoñal del sur de Chile.

