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Carta al Director: Cuando el fútbol deja de ser justo

SR. Director

Por medio de la presente, como parte interesada en el desarrollo del campeonato de fútbol laboral de la comuna de Loncoche, quisiera dejar constancia pública de una situación que lleva años repitiéndose con total impunidad: la disparidad de criterios, las decisiones arbitrarias y la falta de objetividad en la aplicación de sanciones por parte de los comités organizadores y disciplinarios de dicho torneo.

Lo que debiera ser una instancia de encuentro, deporte y sana competencia, se ha convertido en un espacio donde reina la desconfianza y la manipulación de los reglamentos según la conveniencia de ciertos sectores. No es casualidad que año tras año, el campeonato esté marcado por conflictos relacionados con castigos desproporcionados, arbitrajes parciales y resoluciones que carecen totalmente de transparencia. Lamentablemente, los antecedentes sobran.

Uno de los problemas más evidentes —y más graves— es que los árbitros asignados a los partidos muchas veces pertenecen o incluso juegan en algunos de los clubes que están en competencia, lo cual compromete profundamente cualquier noción de imparcialidad. Además, las decisiones disciplinarias recaen en comités que no solo carecen de independencia, sino que tampoco se rigen por un reglamento claro, objetivo y conocido por todos los participantes. Por el contrario, las sanciones suelen interpretarse a conveniencia, aplicándose con mayor severidad hacia jugadores, equipos o personas que no son del total agrado de los dirigentes.

Esta falta de equidad y transparencia no es un hecho aislado. De hecho, la Asociación de Fútbol de Loncoche ya se encuentra desafiliada de la Asociación Nacional, precisamente por estas mismas irregularidades en la organización de campeonatos y el manejo deficiente de los conflictos. ¿Qué mensaje se le entrega a la comunidad y, especialmente, a los niños y niñas que presencian estos partidos? Porque mientras se imponen castigos excesivos por conductas dentro del campo, las barras insultan sin control ni consecuencia desde las gradas, incluso en presencia de menores, sin que exista ninguna regulación efectiva.

Además, el ambiente que se ha generado en torno al campeonato pareciera estar más orientado a defender intereses personales que a fomentar el deporte como un bien común. Cada equipo representa prácticamente a una familia o grupo cercano a los dirigentes, lo que intensifica la lucha por imponer sanciones o beneficios según el vínculo, y no según los hechos.

Peor aún, los jugadores ni siquiera pueden hacer uso de sus redes sociales para expresar disconformidad, ya que muchas veces son amenazados con ampliar sus castigos si publican cualquier comentario que incomode a los organizadores. ¿Dónde queda el derecho a expresarse, a defenderse o a cuestionar decisiones que claramente no se ajustan a criterios justos?

Como comunidad debemos reflexionar:

¿Qué tipo de espacios deportivos queremos construir?

¿Qué valores estamos promoviendo si permitimos que estas prácticas sigan ocurriendo año tras año?

Loncoche merece un campeonato digno, organizado de manera transparente, con reglas claras y comités disciplinarios imparciales. Los jugadores, familias y espectadores merecen respeto. Y nuestros niños merecen crecer viendo el deporte como una fuente de aprendizaje y unión, no como un reflejo de favoritismos, castigos selectivos y desorganización.

Este llamado no es una acusación sin fundamento, sino un clamor colectivo por cambiar una realidad que daña la imagen de nuestro campeonato y, más importante aún, el tejido social de nuestra comuna.

Atte. Deportistas locales y participantes.

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