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La guerra digital de la derecha: Kast, Matthei y los algoritmos del desprestigio

La derecha chilena vive una guerra interna a cielo abierto. Lo que comenzó como una tensión soterrada entre las candidaturas presidenciales de Evelyn Matthei y José Antonio Kast ha estallado esta semana en una ofensiva digital de alta intensidad: videos falsos, acusaciones cruzadas y una reflexión de fondo sobre el poder que hoy tienen los algoritmos en las campañas políticas.

Evelyn Matthei bajo fuego

El detonante fue la aparición de videos manipulados en redes sociales. En ellos, se edita a Matthei para sugerir que padece deterioro cognitivo, insinuando incluso que podría tener Alzheimer. Los registros fueron compartidos por cuentas anónimas en TikTok y X (ex Twitter), pero rápidamente ganaron tracción. Y aunque no hay prueba directa de que provengan del entorno republicano, el daño ya estaba hecho.

“Es una campaña asquerosa”, denunció Evelyn Matthei días atrás. Su entorno acusa una operación de desprestigio coordinada, destinada a torpedear su candidatura en el momento en que comenzaba a repuntar en algunas encuestas.

Kast se desmarca… ¿pero es suficiente?

Desde Europa, José Antonio Kast respondió con rapidez y contundencia: “Nunca hemos hecho campañas de ese tipo”, dijo a Radio Bío Bío, condenando “todo lenguaje ofensivo o degradante” contra Matthei. Pero al mismo tiempo, deslizó que la verdadera pelea no es contra ella, sino contra el “mal Gobierno”.

¿Es eso suficiente para calmar las aguas? No para todos.

En el Congreso, la ministra Jeannette Jara no dudó en encararlo: “¿Y con los que somos adversarios políticos sí haría ese tipo de campañas?”, le preguntó de frente. Kast evitó caer en provocaciones, pero el ruido quedó instalado. El fuego amigo ya no es subterráneo.

El algoritmo como nueva arma política

Más allá de las disputas personales, la columnista María José Naudon (en La Tercera) fue directa al hueso: esta no es solo una pelea entre Matthei y Kast, sino un síntoma de una nueva era política dominada por el algoritmo.

“Ya no se usa el garrote: se usa la edición digital, los videos de 15 segundos y la viralización microsegmentada”, advierte. Es la política del siglo XXI, donde no necesitas ensuciarte las manos directamente: basta alimentar el sistema con suficiente contenido tóxico y dejar que la inteligencia artificial haga el resto.

El efecto es devastador: la mentira se instala, el público duda, el adversario se debilita.

Matthei, sola contra todos

En este nuevo escenario, Matthei aparece atrapada entre dos fuegos. La izquierda, que no olvida su pasado pinochetista. Y la nueva derecha, que la percibe como una figura incómoda, demasiado institucional, demasiado “blanda” para liderar una campaña de confrontación total como la que propone el Frente Social Cristiano.

Mientras ella apela a la experiencia, otros apuestan por la furia.

El problema es que en este juego, la verdad importa menos que la eficacia del mensaje. Y en las redes sociales, los hechos van perdiendo la batalla frente a las emociones y las imágenes editadas.

¿Y ahora qué?

La derecha tendrá que decidir si esta campaña interna terminará devorando a sus candidatos antes siquiera de llegar a la primera vuelta. Mientras tanto, el país asiste a una preocupante mutación del debate público: donde antes había confrontación ideológica, ahora hay guerra de videos falsos.

Y nadie —ni Matthei, ni Kast, ni Jara— parece tener el control total de esta nueva caja de Pandora digital.

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