Estilo de Vida

Algoritmos de odio: cómo las redes están radicalizando a los jóvenes hacia el machismo

Una nueva ola de misoginia está creciendo entre los varones jóvenes, y no es casualidad ni genética: es el producto de una maquinaria digital diseñada para capturar su atención a través del odio. Así lo denuncia la reconocida escritora y activista británica Laura Bates, fundadora del proyecto Everyday Sexism, quien ha investigado durante años la violencia de género en la era digital.

“Los jóvenes no son una generación inherentemente misógina. Se están radicalizando por algoritmos diseñados para ofrecerles contenido cada vez más extremo”, señala Bates, quien acaba de publicar su nuevo libro: The New Age of Sexism (“La nueva era del sexismo”).

Un sistema que premia el odio

La advertencia de Bates se basa en una realidad alarmante: plataformas como TikTok, YouTube o el metaverso están sirviendo contenido misógino a adolescentes en menos de 30 minutos de uso, sin que ellos siquiera lo busquen. El sistema está optimizado para premiar lo que genera más atención, sin importar si es tóxico, falso o violento.

Según estudios citados por la autora, los adolescentes varones que se crean una cuenta en TikTok terminan viendo contenido sexista sin haberlo solicitado. Esto, combinado con el consumo sin filtro de pornografía extrema, genera un cóctel explosivo de deshumanización hacia las mujeres.

“No es solo que odien a las mujeres, es que sienten que tienen derecho a sus cuerpos”, dice Bates, quien distingue entre varios perfiles de radicalizados: desde los “incels”, que justifican la violencia contra las mujeres por no tener sexo con ellos, hasta los “coaches del ligue”, que enseñan a manipularlas como si fueran objetos de consumo.

El silencio adulto y la falsa dicotomía

Frente a este fenómeno, muchos padres se enfrentan a un dilema: prohibir el acceso digital y dejar a sus hijos sin herramientas para el futuro, o permitirlo y exponerlos a contenidos peligrosos. Bates asegura que es una falsa elección.

“La tercera opción —y la más razonable— es regular y responsabilizar a las grandes plataformas tecnológicas. Es increíble que nadie esté hablando de eso con seriedad”, sentencia.

También hace un llamado urgente a las familias: hablar con los hijos desde pequeños sobre relaciones sanas, respeto y consentimiento. Bates recomienda incluso que los adultos simulen ser adolescentes en redes sociales para entender lo que sus hijos están viendo realmente.

La crisis de masculinidad: un terreno fértil para el odio

Bates no niega que haya una crisis de masculinidad. Al contrario, la reconoce como uno de los elementos que alimenta esta radicalización. La represión emocional, la falta de espacios de vulnerabilidad y el aislamiento digital están dejando a muchos jóvenes varones a la deriva. Y el machismo organizado está listo para capturarlos.

“Los mismos estereotipos que dañan a las mujeres también envenenan a los hombres”, señala.

¿Cómo se combate esto?

El mensaje final es claro: la lucha contra el sexismo hoy pasa por la ética digital. Y por un debate urgente sobre el rol de las redes sociales como fábricas de radicalización.

“Esta es la primera vez en la historia que una reacción antifeminista es amplificada por algoritmos. Y si no actuamos ahora, lo pagaremos como sociedad”, advierte Bates.

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